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Agente antidisturbios con casco y máscara de gas camina entre humo mientras manifestantes se dispersan en la calle.

sábado, 8 de julio de 2023

Las violentas protestas de Francia 2023

Francia no solo protestó contra una reforma jubilatoria: las calles reflejaron un malestar más profundo sobre inmigración, desigualdad y el agotamiento del sistema político.

Entrevistado por Carolina Amoroso en TN

El 8 de julio de 2023, Carolina Amoroso me convocó en TN para analizar las violentas protestas que sacudieron a Francia en el contexto de un malestar social que desbordaba con creces la reforma jubilatoria que había sido su detonante más visible. Las calles francesas de 2023 reflejaron una acumulación de tensiones que llevaban años gestándose: la cuestión migratoria, el aumento del costo de vida, la desigualdad territorial entre París y las periferias, y el agotamiento de un sistema político que amplios sectores de la ciudadanía percibían como ajeno a sus preocupaciones cotidianas. Como especialista en política comparada con residencia e investigación en Europa, analicé las capas de ese malestar y sus implicancias para la gobernabilidad de Francia y la política europea más amplia.



Manifestacion multitudinaria de sindicatos con banderas y globos y estudiantes con pancartas en Francia en París

Las protestas francesas de 2023: cuando el detonante no es la causa

Francia tiene una relación particular con la protesta social. Desde la Revolución hasta los Chalecos Amarillos, la calle ha sido históricamente un espacio de política en el país que acuñó la idea misma de revolución como instrumento de transformación política. Las protestas de 2023 se inscriben en esa tradición, pero tienen características propias que las hacen especialmente reveladoras del estado de la sociedad y la política francesa contemporáneas.


El detonante inmediato más visible fue la reforma del sistema de pensiones impulsada por Macron —que elevaba la edad de jubilación de 62 a 64 años— aprobada mediante el artículo 49.3 de la Constitución, que permite al gobierno eludir el voto parlamentario en determinadas circunstancias. La decisión de recurrir a ese mecanismo fue interpretada por amplios sectores de la sociedad no solo como una política concreta con la que podían o no estar de acuerdo, sino como un gesto de desprecio institucional: el gobierno que prometió renovar la política francesa recurría a un atajo constitucional para evitar el debate democrático en el Parlamento. Esa lectura encendió una mecha que llevaba tiempo preparada.


Pero la reforma jubilatoria fue el detonante, no la causa. El malestar que explotó en las calles francesas en 2023 tiene raíces más profundas que cualquier medida puntual. La primera es económica: la combinación de inflación, encarecimiento de la energía y presión sobre el poder adquisitivo golpeó especialmente a las clases trabajadoras y medias de las periferias urbanas y las zonas rurales, que ya venían de años de estancamiento salarial y que percibían que las políticas del gobierno estaban más orientadas a proteger a los sectores mejor posicionados que a aliviar su situación concreta.


La segunda raíz es territorial. Francia es un país profundamente dividido entre París —y las grandes metrópolis— y el resto del territorio. Las zonas periurbanas y rurales concentran una parte significativa del resentimiento político que se expresa en el voto a los extremos: tanto la Agrupación Nacional de Le Pen como la Francia Insumisa de Mélenchon encuentran sus bases más sólidas precisamente en los territorios que sienten que el proyecto macronista los ignora. Las protestas de 2023 movilizaron ese resentimiento latente con una intensidad que sorprendió al gobierno.


La tercera raíz es la cuestión migratoria y la violencia en las periferias. La muerte de Nahel Merzouk, un joven de origen magrebí de 17 años disparado por un policía durante un control de tráfico en Nanterre, fue el segundo gran detonante de las protestas del verano de 2023, desatando noches de disturbios en las banlieues de toda Francia. Ese episodio tocó una fractura que la sociedad francesa lleva décadas sin poder cerrar: la relación entre las fuerzas de seguridad y las comunidades de origen inmigrante que habitan las periferias de las grandes ciudades, y la pregunta sobre si el modelo republicano de integración —que en teoría no reconoce diferencias étnicas o religiosas— funciona en la práctica para todos los ciudadanos por igual.


Macron llegó al segundo mandato con la promesa de una agenda más social que el primero, pero las protestas de 2023 revelaron que ese giro no fue suficientemente creíble ni suficientemente ejecutado. El problema estructural de su gobierno es que su proyecto político —modernización económica, europeísmo, reforma institucional— interpela a una Francia que existe pero que no es la única: hay otra Francia, más numerosa y más silenciosa en los foros políticos convencionales, que en 2023 volvió a hacerse oír en las calles.



Si tu medio necesita análisis sobre política francesa, las tensiones sociales en Europa o el populismo en las democracias occidentales, puedes contactarme aquí.

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