
sábado, 25 de enero de 2025
Primera semana de Trump 2.0 - Aranceles, Ucrania y migrantes en la mira
En su primera semana, Trump movió fichas en tres frentes al mismo tiempo: comercio, migración y Ucrania. Qué implican esas decisiones para el orden global.
Entrevistado por Carolina Amoroso en TN
El 25 de enero de 2025, Carolina Amoroso me convocó en TN para analizar en directo la primera semana de Trump 2.0: un arranque de mandato que en pocos días movió fichas simultáneamente en tres frentes con implicancias globales —comercio, migración y Ucrania. Las órdenes ejecutivas sobre aranceles, el endurecimiento de la política migratoria y los primeros gestos hacia Moscú no fueron medidas aisladas sino la expresión coherente de una doctrina que pone el poder unilateral de Washington por encima de los marcos multilaterales que estructuraron el orden internacional de posguerra. Como ex becario Fulbright y coautor de artículos de investigación sobre la política exterior estadounidense, analicé qué implican esas decisiones para el orden global y qué señales concretas dejan para América Latina.
Primera semana de Trump 2.0: tres frentes, una doctrina
Las primeras semanas de un mandato presidencial tienen un valor analítico especial: revelan prioridades antes de que la realidad las complique. La primera semana de Trump 2.0 fue, en ese sentido, excepcionalmente elocuente. En menos de siete días, la nueva administración lanzó una ofensiva simultánea en comercio, migración y geopolítica que no fue improvisación sino la ejecución acelerada de una agenda que llevaba meses en preparación.
En el frente comercial, la señal fue de proteccionismo sin concesiones retóricas. Las amenazas arancelarias generalizadas —incluyendo a México, Canadá y la Unión Europea, aliados históricos— confirmaron que Trump no distingue entre rivales y socios cuando se trata de política comercial: todos son potenciales adversarios en una competencia de suma cero por empleos, industria y superávit comercial. La lógica es coherente con su diagnóstico: que el libre comercio de las últimas décadas benefició a otros a expensas del trabajador estadounidense. La pregunta es si los instrumentos —aranceles unilaterales, amenazas bilaterales— son eficaces para revertir dinámicas estructurales que llevan décadas consolidándose.
En el frente migratorio, la velocidad y la visibilidad del operativo fueron deliberadas. Las deportaciones masivas, el despliegue de recursos militares en la frontera y la retórica de "invasión" no son solo política pública: son performance política dirigida a una base electoral que evaluará el segundo mandato principalmente por este expediente. Para América Latina, las consecuencias son inmediatas: presión sobre los países de origen para cooperar en la contención de flujos, exposición de millones de familias a la incertidumbre migratoria, y riesgo sobre las remesas que sostienen economías enteras en Centroamérica y el Caribe.
El frente ucraniano fue quizás el más cargado de implicancias para el orden internacional. Los primeros gestos de Trump hacia Moscú —la apertura de canales de comunicación directa con Putin, la señalización de que EE.UU. busca una salida negociada rápida— generaron alarma inmediata en Europa y en Kiev. No porque la negociación sea en sí misma inaceptable, sino porque la velocidad y la unilateralidad con que Washington la planteó sugirieron que los intereses ucranianos y europeos serían, en el mejor de los casos, variables secundarias de un acuerdo diseñado en función de la narrativa doméstica de Trump.
Lo que la primera semana confirmó, vista en conjunto, es que Trump 2.0 opera con una coherencia doctrinaria que su primer mandato no siempre tuvo. La improvisación táctica sigue presente, pero hay una dirección estratégica más clara: reducir los compromisos externos de EE.UU., maximizar el poder de negociación bilateral y subordinar el multilateralismo a los intereses inmediatos de Washington. Eso no es aislacionismo en el sentido clásico —Trump sigue queriendo que EE.UU. domine— sino una redefinición de cómo se ejerce esa dominación.
Para Argentina y la región, la primera semana de Trump 2.0 debería haber sido una señal de alerta y de oportunidad simultáneamente. Alerta porque un EE.UU. más transaccional y menos predecible es un entorno más exigente para cualquier política exterior. Oportunidad porque ese mismo entorno premia a los países que tienen algo concreto para ofrecer y la claridad para negociarlo.
Si tu medio necesita análisis sobre la agenda de Trump, el proteccionismo comercial o el impacto de la política exterior estadounidense en América Latina, puedes contactarme aquí.
