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Cuatro líderes internacionales en una cumbre, un periodista en estudio y un analista en videollamada.

sábado, 9 de septiembre de 2023

Cumbre clave del G20 en India

India usó la presidencia del G20 para instalar la agenda del Sur Global. Cuáles fueron sus prioridades y qué logró posicionar en la mesa.

Entrevistado por Gonzalo Báñez en TN

El 9 de septiembre de 2023, Gonzalo Báñez me consultó en TN para analizar la Cumbre del G20 en Nueva Delhi, presidida por India en un momento de máxima tensión del orden internacional. Las ausencias de Putin y Xi Jinping —los líderes de las dos potencias que más tensión generan en el sistema global— no fueron datos anecdóticos: redefinieron el tono y la dinámica de una cumbre que de todas formas logró aprobar una declaración final tras negociaciones tensas sobre el lenguaje en torno a Ucrania. Como analista de relaciones internacionales miembro del CARI y por mi participación directa en varias presidencias del G20, analicé qué pesaron esas ausencias, qué se negoció realmente en Nueva Delhi y qué tan lejos está el mundo de alcanzar consensos en los grandes expedientes de la agenda global.




El G20 en Nueva Delhi: por qué las ausencias dijeron más que los acuerdos

La Cumbre del G20 en Nueva Delhi de septiembre de 2023 quedará en los registros diplomáticos por dos razones que se contradicen entre sí: fue la cumbre donde el foro logró, contra varios pronósticos, aprobar una declaración final consensuada; y fue también la cumbre donde las dos ausencias más visibles —Vladimir Putin y Xi Jinping— revelaron con mayor claridad los límites estructurales del multilateralismo en un mundo profundamente fragmentado.


Putin no fue a Nueva Delhi por razones obvias: la orden de arresto de la Corte Penal Internacional emitida en marzo de 2023 por el traslado ilegal de niños ucranianos convertía cualquier viaje internacional en un riesgo legal y diplomático que el Kremlin prefirió evitar. Su ausencia fue, en ese sentido, una consecuencia directa del derecho internacional actuando —aunque sea parcialmente— sobre la conducta de una potencia nuclear. Pero también fue una señal de la magnitud del aislamiento ruso en los foros occidentales y occidentalizados, un aislamiento que Moscú compensa con su presencia en otros espacios —OCS, BRICS, CSTO— pero que en el G20 resultaba difícil de disimular.


La ausencia de Xi fue más sorpresiva y más cargada de significado estratégico. China envió al premier Li Qiang en representación del presidente, en una decisión que fue leída por los analistas como una señal deliberada de distancia hacia el foro en su formato actual y, específicamente, hacia la presidencia india. Las tensiones bilaterales entre China e India —por el diferendo fronterizo en el Himalaya, por la competencia de influencia en Asia del Sur y por el posicionamiento de Nueva Delhi en el Quad— hacían de la cumbre un escenario incómodo para Xi. Su ausencia fue también una forma de no otorgar a Modi el rédito político de presidir una foto con todos los grandes líderes mundiales en suelo indio.


Lo que se negoció en Nueva Delhi en torno a Ucrania merece atención técnica. El lenguaje de la declaración final sobre el conflicto fue deliberadamente más vago que el de Bali 2022: en lugar de condenar explícitamente la invasión rusa, la declaración habló de «el sufrimiento humano» y la «exacerbación de las vulnerabilidades existentes en la economía global», en una formulación que China, India y varios países del Sur Global podían aceptar sin comprometerse con el encuadramiento occidental del conflicto como agresión ilegal. Ese lenguaje fue una victoria diplomática de Modi como anfitrión —logró la declaración unánime— pero también un reflejo honesto de hasta dónde llega el consenso real en el G20 sobre Ucrania: no muy lejos.


La presidencia india del G20 tuvo, más allá de la cumbre, un valor geopolítico propio. Modi utilizó el año de presidencia para posicionar a India como interlocutor indispensable entre el Norte Global y el Sur Global, como el país que puede hablar con Washington y con Moscú, con Bruselas y con Pekín, sin comprometerse definitivamente con ninguno. Esa posición de equidistancia activa —que algunos analistas llaman «autonomía estratégica» y otros llaman simplemente oportunismo bien administrado— es el activo diplomático más valioso que India ha construido en los últimos años.


Para Argentina y América Latina, el G20 de Nueva Delhi ofreció una lección sobre cómo los países medianos con peso específico pueden maximizar su influencia en un sistema internacional fragmentado: no eligiendo un bando definitivamente, sino construyendo valor como puentes entre bloques que necesitan comunicarse pero no confían entre sí. Es una estrategia que requiere coherencia de largo plazo, algo que la región históricamente ha encontrado difícil de sostener más allá de los ciclos electorales.




Si tu medio necesita análisis sobre el G20, la diplomacia del Sur Global o el estado del multilateralismo global, puedes contactarme aquí.

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