
sábado, 6 de septiembre de 2025
Los resultados de la cumbre de Tianjin y la reacción de Trump
La cumbre de Tianjin mostró que la Organización de Cooperación de Shanghái avanza aunque Occidente no la mire. Qué se acordó y cómo reaccionó Trump.
Entrevistado por Damián Szvalb en A24
El 6 de septiembre de 2025, Damián Szvalb me convocó en A24 para analizar los resultados de la Cumbre de Tianjin de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Un encuentro que Occidente tiende a subregistrar pero que, edición tras edición, consolida una arquitectura de gobernanza global alternativa a la que lideran Washington y Bruselas. Analicé qué se acordó en Tianjin, qué señales envió la cumbre sobre el estado interno de la organización, y cómo reaccionó la administración Trump ante un foro que agrupa a más de la mitad de la población mundial y una porción creciente del PIB global. Como miembro del Comité de Asuntos Asiáticos del CARI y participación en foros de ALADAA, ofrecí contexto sobre por qué la OCS importa incluso cuando no ocupa titulares del mundo.
La OCS en Tianjin: por qué el foro que Occidente ignora define el orden del siglo XXI
Hay una regla tácita en los medios occidentales: los foros que no incluyen a Estados Unidos o la Unión Europea no merecen cobertura de primera plana. La Cumbre de Tianjin de la Organización de Cooperación de Shanghái en septiembre de 2025 volvió a ser víctima de esa regla. Y esa omisión es, en sí misma, un problema analítico.
La OCS agrupa hoy a China, Rusia, India, Pakistán, Irán, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán y Bielorrusia, con una constelación de estados observadores y socios de diálogo que incluye a Turquía, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y varios países del Sudeste Asiático. En términos demográficos y de superficie territorial, no hay otro foro multilateral que se le acerque. En términos de PIB combinado —medido en paridad de poder adquisitivo— supera ya al G7.
Lo que Tianjin mostró en 2025 tiene dos dimensiones que conviene distinguir. La primera es operativa: se avanzó en mecanismos de pago en monedas locales que reducen la exposición al dólar, se firmaron acuerdos de cooperación en seguridad energética y se profundizó la coordinación en infraestructura bajo el paraguas de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Nada revolucionario en sí mismo, pero acumulativo en sus efectos sobre la arquitectura financiera global.
La segunda dimensión es política y más reveladora. La presencia de India —que mantiene simultáneamente su membresía en el Quad con EE.UU., Japón y Australia— ilustra la estrategia de Nueva Delhi de jugar en múltiples tableros sin atarse a ninguno. Que Modi comparta escenario con Xi y Putin sin que Washington pueda hacer demasiado al respecto es, en sí mismo, un indicador del margen de maniobra que los países medianos y grandes están reclamando en el nuevo orden.
La reacción de Trump fue predecible en su forma pero significativa en su contenido: descalificación retórica acompañada de silencio diplomático. Esa combinación revela una incomodidad genuina. Washington no tiene un equivalente funcional a la OCS para el espacio eurasiático, y la administración Trump —con su escepticismo hacia el multilateralismo— tiene aún menos herramientas para construirlo. El resultado es una especie de abdicación por omisión: dejar que el foro crezca mientras se lo descalifica públicamente.
Para América Latina y para Argentina en particular, la pregunta que la OCS plantea no es si unirse —no es un foro hemisférico ni hay una invitación sobre la mesa— sino cómo posicionarse ante un orden multipolar en construcción donde las reglas de comercio, finanzas e infraestructura se están redefiniendo sin que la región tenga voz en el proceso.
Si tu medio necesita análisis sobre multilateralismo, la OCS o el nuevo orden global, podéis contactarme aquí.
