
sábado, 6 de mayo de 2023
La crisis en medio de la coronación de Carlos III en Reino Unido
La coronación de Carlos III no fue solo una ceremonia: estuvo rodeada de tensiones internas que revelan las fracturas de la monarquía y del propio Reino Unido.
Entrevistado por Carolina Amoroso en TN
El 6 de mayo de 2023, Carolina Amoroso me convocó en TN para analizar la coronación de Carlos III en la Abadía de Westminster: una ceremonia que, más allá del esplendor protocolar, estuvo rodeada de tensiones internas que iluminan las fracturas contemporáneas de la monarquía británica y del Reino Unido como proyecto político. La relación con Harry y Meghan, el debate sobre el rol de la Commonwealth en un mundo poscolonial, las protestas republicanas en las calles de Londres y la propia figura de Carlos III —el heredero más largo de la historia, con un reinado que comienza con la institución más cuestionada de su historia reciente— fueron los ejes de una conversación que buscó ir más allá de la cobertura ceremonial. Como especialista en política comparada con investigación en la Escuela de Gobierno Blavatnik de Oxford , analicé qué revelan esas tensiones sobre el estado de la monarquía y sobre el Reino Unido posbrexit.

La coronación de Carlos III: esplendor en la superficie, fracturas en los cimientos
Las coronaciones británicas son, por diseño, actos de continuidad. Su función simbólica es exactamente la opuesta a la ruptura: reafirmar que la institución persiste más allá de los individuos, que el orden se reproduce y que la nación se reconoce en sus tradiciones milenarias. La coronación de Carlos III el 6 de mayo de 2023 cumplió con ese protocolo con una meticulosidad impecable. Pero debajo de la superficie ceremonial, las tensiones que rodearon el evento dijeron más sobre el estado de la monarquía —y del Reino Unido— que cualquier discurso oficial.
La fractura más visible fue la familiar. La relación entre Carlos III y su hijo Harry —el príncipe que renunció a sus funciones institucionales, se mudó a California con Meghan Markle y publicó unas memorias que describían con una franqueza sin precedentes los conflictos internos de la familia— llegó a la coronación sin resolución. Harry asistió pero sin Meghan, se sentó en la tercera fila en lugar de en el lugar que correspondería a su rango, y no participó en ninguno de los actos públicos posteriores. Esa coreografía de distancia calculada fue, en sí misma, una declaración sobre el estado de una fractura que la institución no ha sabido gestionar y que la prensa británica y global continuó amplificando.
La segunda tensión fue republicana. Por primera vez en décadas, las protestas contra la monarquía fueron suficientemente visibles en las calles de Londres como para no poder ser ignoradas por los medios internacionales. La organización Republic convocó manifestaciones que, aunque numéricamente modestas en relación con el apoyo que la coronación recibió entre el público, marcaron un cambio cualitativo: la crítica republicana a la institución ya no es marginal ni vergonzante en el debate público británico. Las encuestas entre menores de 25 años muestran, desde hace años, una indiferencia creciente hacia la monarquía que en las generaciones mayores todavía no se ha traducido en oposición activa pero que define la tendencia de largo plazo.
La tercera tensión es poscolonial y tiene alcance global. La Commonwealth —el conjunto de 56 países que mantienen vínculos con el Reino Unido por herencia del Imperio— ha visto cómo varios de sus miembros caribeños, encabezados por Barbados en 2021, han optado por convertirse en repúblicas eliminando al monarca británico como jefe de Estado. Jamaica, Bahamas y otros países han expresado intenciones similares. La coronación de Carlos III aceleró esas conversaciones: en muchos de esos países, la ceremonia fue cubierta no como una celebración propia sino como el ritual de una potencia extranjera con la que mantienen vínculos históricos pero con los que la identificación simbólica se diluye generación a generación.
Carlos III llega al trono con una ventaja y una desventaja simultáneas. La ventaja es que lleva décadas preparándose para este momento y tiene posiciones propias —especialmente en materia de medio ambiente y agricultura sostenible— que le otorgan una dimensión pública más allá del protocolo. La desventaja es que asume en el peor momento institucional de la monarquía en décadas: con el escándalo de las memorias de Harry todavía fresco, con el debate republicano más activo que en generaciones, y con un Reino Unido posbrexit que busca su lugar en el mundo sin la certeza de que las instituciones tradicionales —incluida la Corona— son parte de la respuesta o parte del problema.
Si tu medio necesita análisis sobre la monarquía británica, la política del Reino Unido o las tensiones poscoloniales de la Commonwealth, podéis contactarme aquí.
