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Tres analistas debaten en noticiero, con imágenes de una marcha masiva y un cruce fronterizo al fondo.

domingo, 4 de enero de 2026

La intervención de EEUU en Venezuela

EEUU intervino militarmente en Venezuela y capturó a Maduro. Qué es la Doctrina Donroe, cómo se ejecutó la operación y qué precedente sienta para la región.

Entrevistado por Damián Szvalb en A24

El 4 de enero de 2026, me invitaron a analizar en A24 junto a Damián Szvalb una de las noticias más impactantes de los últimos años: la operación militar de Estados Unidos en Venezuela que culminó con la captura del dictador Nicolás Maduro. Se trata de un hecho sin precedentes en la región desde la Guerra Fría, y que plantea preguntas fundamentales sobre el nuevo orden hemisférico. Como especialista en política exterior estadounidense y dinámica de poder en América Latina, con investigación en Naciones Unidas y participación en foros del G20, analicé en vivo qué es la Doctrina Donroe, cómo se ejecutó la operación y qué consecuencias geopolíticas tiene para América del Sur y para la relación entre Washington y sus vecinos.




La captura de Maduro y el nacimiento de la Doctrina Donroe: lo que no alcanzó a decirse en el aire

La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela en enero de 2026 no fue un acto impulsivo. Fue el resultado de una arquitectura política y estratégica que llevaba al menos dieciocho meses en construcción, y que encontró en la segunda administración de Donald Trump la voluntad política y la cobertura diplomática necesarias para ejecutarse.


La llamada Doctrina Donroe —combinación deliberada del apellido Trump con la histórica Doctrina Monroe de 1823— es mucho más que un nombre llamativo. Representa una reformulación explícita del principio de exclusión hemisférica: América Latina como zona de influencia exclusiva de Washington, con tolerancia cero hacia regímenes que Rusia, China o Irán utilicen como plataformas de proyección. Venezuela bajo Maduro, con sus vínculos con Moscú y su rol en redes de financiamiento irregular documentadas por la DEA y el Departamento del Tesoro, era el caso más visible.


Lo que distingue a esta doctrina de sus predecesoras no es solo la disposición al uso de la fuerza, sino la lógica con que se la justifica ante la comunidad internacional. Trump no invocó el derecho de injerencia humanitaria —el argumento predilecto de las intervenciones de los años noventa y dos mil— sino la seguridad nacional directa de Estados Unidos: narcotráfico, migraciones masivas y amenazas híbridas. Ese desplazamiento argumental tiene implicancias que van mucho más allá de Caracas.


Para la región, el precedente es inquietante. No porque Nicaragua o Cuba vayan a ser los próximos objetivos automáticos, sino porque la operación demostró que la OEA, el Grupo de Lima y los mecanismos multilaterales de contención no tienen capacidad real de veto frente a la decisión unilateral de Washington. La pregunta que nadie se animó a hacer en televisión es cuál es el umbral de tolerancia de la nueva doctrina para gobiernos que no son abiertamente hostiles pero tampoco son aliados incondicionales.


La captura de Maduro clausura un ciclo, pero abre otro. La Venezuela posintervencionista, con sus instituciones destruidas, su economía pulverizada y sus millones de ciudadanos en la diáspora, será uno de los mayores desafíos de reconstrucción regional en la próxima década. Y ahí, Argentina, Colombia, Brasil y los organismos internacionales tendrán que decidir qué papel están dispuestos a jugar.


Si tu medio necesita análisis sobre geopolítica hemisférica, intervenciones militares o política exterior de Estados Unidos, podéis contactarme aquí.

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