
lunes, 25 de noviembre de 2019
Extraña primavera en América Latina
En pocas semanas, varios gobiernos latinoamericanos cambiaron de signo o entraron en crisis. Qué estaba pasando realmente en la región a fines de 2019.
Entrevistado por Santo Biasatti en Radio Splendid
El 25 de noviembre de 2019, Santo Biasatti me entrevistó en Radio Splendid para intentar poner orden en un mapa regional que parecía haberse dado vuelta en cuestión de semanas. América Latina cerraba un año convulso: Bolivia vivía la renuncia de Evo Morales tras las denuncias de fraude electoral, Chile ardía con protestas masivas que cuestionaban décadas de modelo económico, Argentina transitaba su propio cambio de gobierno con el regreso del peronismo, y Ecuador había visto sus calles tomadas por manifestantes en octubre. Como analista internacional y miembro de REDAPPE, analicé en esa entrevista qué había detrás de esa "extraña primavera" y si era posible leer todos esos fenómenos bajo una misma clave.

Cierre de década complicado en Latam
Hablar de una "primavera latinoamericana" en 2019 era tentador como titular, pero era también engañoso. Lo que ocurrió en la región durante el último trimestre de ese año no respondía a una lógica única ni a un movimiento coordinado: era, más bien, la expresión simultánea de varias crisis distintas que compartían algunos síntomas pero tenían causas estructurales diferentes.
El caso de Chile era quizás el más desconcertante para los analistas del orden establecido. Santiago había sido durante décadas el alumno modelo del consenso de Washington: crecimiento sostenido, instituciones sólidas, niveles de pobreza a la baja. Y sin embargo, una suba en la tarifa del metro bastó para detonar una protesta que en el fondo no era sobre el precio del pasaje, sino sobre la acumulación de décadas de desigualdad estructural, pensiones insuficientes y un sistema de salud que dejaba afuera a amplias capas de la población. El presidente Sebastián Piñera debió suspender dos cumbres internacionales —la APEC y la COP25— que Santiago iba a albergar, lo que ilustró el alcance real de la crisis.
Bolivia, en cambio, combinaba una disputa electoral con tensiones étnicas y territoriales de larga data. La renuncia de Evo Morales y su exilio en México abrieron un vacío de poder que fue ocupado provisionalmente por Jeanine Áñez, en una transición que la OEA respaldó pero que amplios sectores de la región cuestionaron como ruptura institucional. La polarización entre el MAS y sus opositores no desapareció con el cambio de gobierno: se profundizó.
Lo que sí había en común entre varios de estos procesos era el agotamiento de los relatos de legitimación que habían sostenido a distintos gobiernos —de izquierda y de derecha— durante los años del boom de las materias primas. Cuando el ciclo económico se cerró, las promesas sin cumplir quedaron expuestas. La región no estaba virando en bloque hacia ningún polo: estaba pagando el costo de años de política aplazada.
Si tu medio necesita análisis sobre América Latina, sus ciclos políticos y sus crisis institucionales, puedes contactarme aquí.
