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Mujer rubia de mediana edad sonríe con los brazos extendidos, lleva chaqueta oscura y está frente a un fondo azul brillante.

lunes, 25 de abril de 2022

Perfil de Marine Le Pen, líder de extrema derecha del mundo político francés

Marine Le Pen no es solo un fenómeno electoral: es la cara más visible de la reconfiguración de la derecha europea. Quién es y cómo llegó hasta donde llegó.

Entrevistado por Leticia Martínez en Futurock

El 25 de abril de 2022, en el contexto de las elecciones presidenciales francesas en las que Marine Le Pen llegó a la segunda vuelta frente a Emmanuel Macron, Leticia Martínez me convocó en Futurock para trazar el perfil de la líder del Rassemblement National: quién es, de dónde viene, cómo construyó su trayectoria política y qué representa en el mapa de la derecha europea. Le Pen no es solo un fenómeno electoral francés: es la figura que más ha hecho por normalizar la extrema derecha en una democracia occidental consolidada y por redefinir los límites de lo que es políticamente aceptable en el espacio público europeo. Como especialista en política comparada miembro de REDAPPE y seguimiento sostenido de la política francesa y europea, ofrecí una lectura biográfica e ideológica que explica tanto su ascenso como sus límites.



Marine Le Pen: cómo se construye una figura política que lleva treinta años siendo subestimada

Hay una tentación recurrente en el análisis de Marine Le Pen: subestimarla. Ha perdido dos elecciones presidenciales, su partido fue durante décadas un paria en la política francesa, y su nombre está asociado a posiciones que el consenso político europeo considera inaceptables. Y sin embargo, en cada ciclo electoral, sus resultados mejoran, su influencia sobre la agenda política francesa aumenta, y las posiciones que ella defendía en solitario hace veinte años —sobre migración, soberanía nacional, escepticismo europeo— terminan siendo asumidas parcialmente por partidos que formalmente la rechazan. Eso no es fracaso: es, visto en perspectiva, una de las trayectorias políticas más exitosas de la Europa contemporánea.

Marine Le Pen nació en 1968, hija de Jean-Marie Le Pen, el fundador del Front National y uno de los políticos más controvertidos de la historia francesa de posguerra. Crecer en esa familia no fue solo una circunstancia biográfica: fue una formación política total, con sus ventajas —acceso directo al núcleo de un movimiento político desde la infancia— y sus costos —el peso de un apellido asociado a la negación del Holocausto, al colonialismo nostálgico y a la violencia verbal sistemática.


El proyecto político de Marine Le Pen puede definirse, en esencia, como la dédiabolisation —la des-demonización— del movimiento que su padre había construido con una retórica que hacía imposible su acceso al poder. Ese proyecto implicó decisiones que muchos consideraron traición y que ella defendió como necesidad estratégica: la expulsión de su propio padre del partido en 2015, la suavización del lenguaje sobre el euro y la Unión Europea, la adopción de posiciones más matizadas sobre el Estado de bienestar que resonaban mejor con los sectores populares que con la base original del partido.


El resultado de esa estrategia fue una transformación del perfil electoral del Rassemblement National. El partido de Jean-Marie Le Pen era un partido de nostálgicos del Vichy, de pequeños burgueses amenazados por la modernización y de sectores rurales desconectados de la economía globalizada. El partido de Marine Le Pen incorporó a obreros de las zonas desindustrializadas del norte y el noreste, a jóvenes de las periferias urbanas que en décadas anteriores habrían votado a la izquierda, y a sectores de clase media que expresaban su malestar con la gestión del Partido Socialista primero y de Macron después. Esa ampliación de base es lo que explica por qué en 2022 obtuvo el 41,5% en la segunda vuelta: más del doble de lo que obtuvo su padre en 2002.


El contenido ideológico del lepenismo bajo Marine tiene tres ejes que conviene distinguir. El primero es el soberanismo: la defensa de la soberanía nacional frente a la UE, la OTAN y los organismos multilaterales en general, con una desconfianza hacia cualquier instancia supranacional que limite la capacidad de decisión del Estado francés. El segundo es el proteccionismo económico: tarifas, preferencia nacional en la contratación pública, revisión de los tratados de libre comercio. El tercero —y el más políticamente cargado— es la cuestión migratoria: la propuesta de preferencia nacional en el acceso a prestaciones sociales, la restricción drástica de la migración y una lectura de la identidad francesa que excluye o subordina la diversidad cultural derivada de la inmigración poscolonial.


Lo que Le Pen representa en el mapa europeo más amplio es la cara más visible y más moderada —en su presentación pública, no necesariamente en su programa— de una reconfiguración de la derecha que también incluye a Giorgia Meloni en Italia, a Vox en España, a AfD en Alemania y a Fidesz en Hungría. Cada uno de esos movimientos tiene sus especificidades nacionales, pero comparten una gramática política común: la apelación a la identidad nacional amenazada, el rechazo del consenso liberal sobre migración y diversidad, y el cuestionamiento —en grados variables— de las instituciones supranacionales europeas.




Si tu medio necesita análisis sobre Marine Le Pen, la política francesa o el avance de la derecha populista en Europa, puedes contactarme aquí.

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