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Un hombre mayor con gafas lee un periódico en hindi, sentado junto a una pared decorada con colores vivos.

miércoles, 10 de abril de 2024

Qué está en juego en las elecciones indias 2024

India va a las urnas con Modi como favorito, pero no todo está tan claro. Qué fuerzas compiten, qué está en juego y por qué estas elecciones importan globalmente.

Entrevistado por Niketan en Radio Milenium

El 10 de abril de 2024, Niketan me convocó en Radio Milenium para analizar la carrera electoral en India antes de que arrancara el proceso de votación más grande de la historia de la democracia: más de 960 millones de ciudadanos habilitados para votar en unas elecciones generales que se desarrollarían en varias fases a lo largo de semanas. Narendra Modi llegaba como favorito indiscutido, pero el panorama tenía más complejidades de las que los titulares sugerían: una oposición reagrupada, un descontento económico latente en las zonas rurales y una polarización religiosa que podía funcionar como arma de doble filo. Por mi experiencia como investigador sobre Asia del Sur para la Escuela de Gobierno Blavatnik de Oxford y seguimiento de la política del Indo-Pacífico, analicé qué fuerzas competían, qué estaba en juego y por qué estas elecciones importaban más allá de las fronteras indias.



Las elecciones indias de 2024: por qué el mayor ejercicio democrático del mundo importa globalmente

En abril de 2024, India se preparaba para iniciar el proceso electoral más masivo de la historia de la democracia representativa: más de 960 millones de ciudadanos habilitados para votar, 543 circunscripciones, votación escalonada en siete fases durante seis semanas, y un resultado que definiría quién gobernaría la tercera economía más grande del mundo —en términos de paridad de poder adquisitivo— durante los siguientes cinco años.

Narendra Modi llegaba como favorito con una ventaja que parecía difícil de revertir. Diez años de gobierno habían producido resultados macroeconómicos sólidos —India se había convertido en la economía de mayor crecimiento entre las grandes potencias globales—, una presencia internacional de perfil elevado —la presidencia del G20 en 2023 fue un momento de proyección deliberada— y una marca política personal construida sobre una combinación de nacionalismo hindú, desarrollo infraestructural y liderazgo carismático que no tenía un equivalente claro en la oposición.


Pero el panorama tenía capas que la narrativa de favorito tendía a aplanar. La primera era económica. El crecimiento del PIB indio es un dato macroeconómico cierto, pero su distribución es profundamente desigual. El sector agrícola —que emplea a más del 40% de la fuerza laboral— no ha experimentado los mismos beneficios que el sector tecnológico, los servicios financieros o la manufactura orientada a la exportación. El desempleo juvenil en zonas rurales y semiurbanas era una tensión latente que las encuestas nacionales no siempre capturaban con precisión, en parte porque el BJP había construido una maquinaria de movilización electoral especialmente efectiva en los estados del norte y centro donde esos segmentos son más numerosos.


La segunda capa era política: la coalición INDIA, formada por el Partido del Congreso de Rahul Gandhi y una constelación de partidos regionales, representaba la primera articulación opositora medianamente coherente desde que Modi llegó al poder en 2014. No era una coalición sin tensiones —sus componentes tenían agendas e intereses frecuentemente divergentes— pero había logrado coordinar candidaturas en un número significativo de circunscripciones para evitar la fragmentación del voto anti-BJP que en elecciones anteriores había beneficiado sistemáticamente al partido gobernante.


La tercera capa era institucional. India llega a estas elecciones con preguntas genuinas sobre el estado de sus instituciones democráticas: la independencia del poder judicial ha sido cuestionada en varios casos de alto perfil, la concentración de medios en manos de grupos empresariales con vínculos con el gobierno ha generado preocupaciones sobre la pluralidad informativa, y el uso de agencias anticrimen y anticorupción contra líderes opositores ha sido documentado por organizaciones de monitoreo democrático. Que estas preguntas existan no invalida la democracia india —que sigue siendo un sistema electoral competitivo con alternancia real a nivel estatal— pero sí añade una dimensión de calidad democrática al análisis que va más allá del conteo de votos.


Globalmente, las elecciones indias de 2024 importaban por varias razones simultáneas. India es el país más poblado del mundo desde 2023, una potencia nuclear, un actor con creciente peso en los foros multilaterales y un pivote en la rivalidad entre EE.UU. y China en el Indo-Pacífico. La dirección que tomara su política exterior en el próximo quinquenio —más alineada con Washington, más equidistante, más orientada al Sur Global— tenía implicancias que se extendían desde el estrecho de Taiwán hasta los foros de Naciones Unidas.


Para América Latina, y especialmente para Argentina, las elecciones indias de 2024 eran también una oportunidad de análisis sobre el propio lugar de la región en el mundo: en un sistema internacional donde India emerge como potencia de primer orden con demanda creciente de alimentos, energía y materias primas, la pregunta no era si esas elecciones importaban, sino si la región estaba prestando suficiente atención como para sacar conclusiones estratégicas de su resultado.



Si tu medio necesita análisis sobre política india, el Indo-Pacífico o las elecciones en democracias emergentes, puedes contactarme aquí.

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