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Un hombre de barba y cabello blanco, con gafas y chal naranja, gesticula al hablar frente a banderas de la India.

miércoles, 5 de junio de 2024

Análisis de las elecciones en India 2024: un baño de humildad para Narendra Modi

Modi ganó pero no como esperaba: la oposición resistió y el resultado reconfiguró el tablero político indio. Qué cambió y qué sigue igual.

Entrevistado por Niketan en Radio Milenium

El 5 de junio de 2024, Niketan me convocó en Radio Milenium para analizar los resultados de las elecciones generales en India: un resultado que sorprendió al mundo no por quién ganó —Narendra Modi obtuvo su tercer mandato consecutivo— sino por el margen con que lo hizo. El BJP no alcanzó la mayoría parlamentaria propia que esperaba y que las encuestas le auguraban, y tuvo que recurrir a sus socios de coalición para formar gobierno en una posición de mayor dependencia de la que había tenido en los dos mandatos anteriores. Como investigador del Grupo India del Comité de Asuntos Asiáticos del CARI y por mi seguimiento sostenido de la política del Indo-Pacífico, analicé qué explica ese resultado, qué reconfiguraciones produce en el tablero político indio y qué implica para la política exterior de Nueva Delhi.


Modi sin mayoría propia: por qué el resultado indio de 2024 importa más allá de los números

Narendra Modi ganó las elecciones indias de junio de 2024. Ese dato, tomado aisladamente, sugiere continuidad. Pero el resultado fue, en su contexto, una derrota parcial que reconfigura los márgenes de su tercer mandato de maneras que no deben subestimarse.


El BJP —el partido de Modi— obtuvo alrededor de 240 escaños en la Lok Sabha, la cámara baja del Parlamento indio, cuando necesitaba 272 para la mayoría absoluta y cuando las encuestas de salida le daban entre 350 y 370. Esa brecha entre expectativa y resultado es, en política, tan relevante como el resultado mismo: debilita la narrativa de invencibilidad que Modi había construido meticulosamente desde 2014 y que era parte integral de su capital político tanto doméstico como internacional.


La recuperación de la oposición —agrupada bajo la coalición INDIA, liderada por el Congreso de Rahul Gandhi— fue el factor menos anticipado. Gandhi, que había sido sistemáticamente ridiculizado por el aparato mediático y propagandístico del BJP durante años, condujo una campaña que logró articular el descontento económico de las clases populares con una narrativa de defensa de las instituciones democráticas y de las minorías que resonó más de lo previsto en estados clave como Uttar Pradesh, el más poblado del país.


Los factores que explican el resultado modesto del BJP son múltiples y merecen distinguirse. El primero es económico: India crece a tasas envidiables en términos macroeconómicos —7% o más de crecimiento del PIB— pero ese crecimiento no se ha traducido en mejoras suficientemente distribuidas en el empleo formal, los salarios rurales y el acceso a servicios básicos para los sectores más vulnerables. La narrativa del «milagro económico indio» convence en los foros internacionales pero choca con la experiencia cotidiana de una proporción significativa del electorado.


El segundo factor es la polarización religiosa. La estrategia del BJP de movilizar a la mayoría hindú a través de la construcción de un templo en Ayodhya —en el lugar donde una mezquita había sido demolida en 1992— y de un discurso de identidad nacional que ubica a las minorías musulmanas en una posición de sospecha permanente generó adhesión en su base pero también activó el voto de las minorías y de los sectores laicos con una intensidad que las encuestas no captaron bien.


El tercero es institucional: el debilitamiento de la independencia electoral, judicial y mediática bajo Modi generó una resistencia silenciosa que se expresó en las urnas con mayor fuerza de la esperada. Cuando las instituciones de control son percibidas como parciales, el voto se convierte en el único mecanismo de corrección disponible, y eso tiende a movilizar a quienes tienen más que perder con la continuidad sin contrapesos.


Las implicancias del resultado para la política exterior de Nueva Delhi son relevantes. Un Modi más dependiente de sus socios de coalición —varios de ellos con agendas más provinciales y menos alineados con su visión de política exterior— tiene menos margen para decisiones unilaterales de alto impacto. La política de «autonomía estratégica» india —la membresía simultánea en el Quad con EE.UU. y en la OCS con China y Rusia, las compras de armas rusas mientras se profundizan los vínculos con Washington— requiere una capacidad de maniobra que un gobierno de coalición más fragmentado puede ejercer con mayor dificultad.


Para América Latina y para Argentina en particular, el resultado indio importa en la medida en que India es uno de los socios comerciales y diplomáticos con mayor potencial de crecimiento para la región. Un gobierno indio más atento a sus limitaciones internas es, en el corto plazo, un interlocutor más cauteloso. Pero la dirección estratégica de largo plazo —India como potencia global creciente con demanda sostenida de alimentos, energía y materias primas— no cambia con un resultado electoral.



Si tu medio necesita análisis sobre política india, el Indo-Pacífico o las implicancias para América Latina, podéis contactarme aquí.

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