top of page
Logotipo de Tomás Listrani
Dos locutores conversan en una cabina de radio; en la pantalla, un hombre de traje sonríe al aire libre.

viernes, 9 de septiembre de 2022

Cómo sigue la historia política en Reino Unido con Carlos III

Carlos III asume el trono en un Reino Unido muy distinto al de su madre. Cuáles fueron sus primeros pasos y qué señales dejó sobre el tipo de rey que será.

Entrevistado por Andres Miquel en Radio Brújula

El 9 de septiembre de 2022, apenas horas después de la muerte de la Reina Isabel II, Andrés Miquel me convocó en Radio Brújula para analizar en directo los primeros pasos de Carlos III como nuevo rey del Reino Unido. Un momento de transición histórica —la primera en más de setenta años— que planteaba preguntas inmediatas sobre cómo gestionaría Carlos la sucesión institucional, qué señales dejaría sobre el tipo de monarca que sería, y en qué medida el Reino Unido de 2022 era un país diferente al que Isabel II había recibido en 1952. Como especialista en historia británica, analicé esos primeros gestos del nuevo rey y su significado para la institución monárquica y para la política británica.




Carlos III: los primeros pasos y las señales de un reinado que empieza en un país distinto

La muerte de la Reina Isabel II el 8 de septiembre de 2022 cerró un reinado de setenta años que había sido, por su longevidad y su consistencia, una anomalía histórica en el mundo contemporáneo. Isabel II había sido coronada cuando Churchill era primer ministro, cuando el Imperio Británico todavía existía como entidad política, cuando Europa se reconstruía de la posguerra y cuando la televisión era una novedad doméstica. Para cuando murió, había sobrevivido a quince primeros ministros, a la desintegración del Imperio, al Brexit, a la pandemia y a la era digital. Esa longevidad fue, en sí misma, un factor de estabilidad institucional difícil de reemplazar.


Carlos III asumió el trono en un contexto radicalmente distinto. El Reino Unido de 2022 era un país en medio de múltiples crisis simultáneas: económica —con inflación disparada y una crisis energética derivada de la guerra en Ucrania—, política —con el gobierno conservador de Liz Truss recién asumida y a punto de desencadenar el caos presupuestario que la haría caer en semanas—, y constitucional —con Escocia presionando por un nuevo referéndum de independencia y con las tensiones del Brexit todavía sin resolución en Irlanda del Norte. La sucesión no llegó en un momento de calma sino en uno de turbulencia.


Los primeros pasos de Carlos III fueron leídos con lupa por los analistas precisamente porque cada gesto en una transición de poder tiene valor señalizador. Su primer discurso como rey —emocional, personal, más cálido que el estilo protocolar de su madre— indicó una voluntad de conectar con la ciudadanía de una manera que Isabel II nunca había buscado. La mención explícita a Camilla como reina consorte consolidó una transición personal que había tardado décadas en ser aceptada públicamente. Y la velocidad con que se gestionaron los aspectos protocolares de la sucesión —el regreso de Harry y Meghan para los actos fúnebres, la aparición pública con el nuevo príncipe y princesa de Gales— sugirió una voluntad de gestionar las fracturas familiares con pragmatismo antes que con confrontación.


Lo que los primeros días revelaron sobre el tipo de rey que Carlos III sería tiene dos dimensiones que conviene separar. La primera es personal: un monarca más expresivo emocionalmente que su madre, menos dado al estoicismo protocolar y más dispuesto a mostrar vulnerabilidad pública. Esa dimensión fue bien recibida por amplios sectores de la opinión pública que habían encontrado a la monarquía isabeliana demasiado distante.


La segunda dimensión es institucional y más compleja. Carlos III heredó una institución con preguntas sobre su relevancia que su madre nunca había tenido que enfrentar con la misma intensidad. El movimiento republicano, las desvinculaciones de países de la Commonwealth, la fractura con Harry —que permanecía en California con Meghan y que había publicado memorias demoledoras sobre la familia— y la indiferencia creciente de las generaciones más jóvenes hacia la Corona son desafíos que no se resuelven con buenos discursos inaugurales.


Lo que el comienzo del reinado de Carlos III planteó con claridad es que la función de la monarquía en el Reino Unido del siglo XXI ya no puede darse por garantizada: tiene que ganarse, generación a generación, con una combinación de relevancia pública, discreción política y capacidad de adaptación institucional que su madre dominó con maestría durante siete décadas y que él tendrá que construir, en un tiempo más corto y en un contexto más difícil, desde cero.




Si tu medio necesita análisis sobre la monarquía británica, la transición política en el Reino Unido o el futuro de la Commonwealth, podéis contactarme aquí.

bottom of page