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martes, 8 de septiembre de 2026

El futuro de las Relaciones Internacionales y la Sostenibilidad

Consejos para el desarrollo profesional en RRII hacia la cuarta década del siglo XXI y el surgimiento de marcos normativos ASG en materia de sostenibilidad.

Entrevistado por Mercedes Pérgamo en Radio UB

El 8 de septiembre de 2026, Mercedes Pérgamo me convocó en Radio UB para una conversación orientada a estudiantes y futuros graduados en Relaciones Internacionales: qué herramientas y qué marcos conceptuales necesitan para insertarse profesionalmente en la cuarta década del siglo XXI, y cómo el avance de los marcos normativos de sostenibilidad como los estándares ASG está redefiniendo los perfiles que demandan tanto el sector público como el privado y los organismos internacionales. Como analista internacional con más de una década de trabajo y participación en educación no formal sobre ODS y acción climática, ofrecí una lectura práctica y estratégica sobre dónde están las oportunidades y qué competencias distinguen a los profesionales que las aprovechan.



Relaciones Internacionales en la cuarta década: por qué la sostenibilidad no es una especialización sino una competencia transversal

Hay una pregunta que los estudiantes de Relaciones Internacionales llevan años haciéndose con creciente urgencia: ¿para qué mundo me estoy formando? La respuesta honesta es que se están formando para un mundo en que las fronteras entre la política exterior tradicional y las agendas de sostenibilidad, gobernanza corporativa y regulación ambiental son cada vez más porosas. Y esa porosidad no es un problema: es una oportunidad para los graduados que sepan leerla.

El avance de los marcos normativos ASG es quizás el cambio más significativo en el entorno profesional de las relaciones internacionales de los últimos años. Lo que empezó como un conjunto de criterios voluntarios para inversores institucionales se ha convertido en un sistema de regulación obligatoria en crecimiento: la UE ha adoptado la Corporate Sustainability Reporting Directive (CSRD), que obliga a miles de empresas a reportar sus impactos ambientales y sociales con estándares auditables; la SEC estadounidense ha avanzado en regulaciones similares para las empresas cotizadas; y los organismos de financiamiento internacional (Banco Mundial, BID, CAF) incorporan criterios ASG en sus evaluaciones de riesgo de una manera que hace unos años era inexistente.

Para un graduado en Relaciones Internacionales, eso significa que la comprensión de los marcos regulatorios de sostenibilidad no es una especialización optativa: es una competencia de base para trabajar en comercio internacional, inversión extranjera, diplomacia económica o cualquier área de política pública con dimensión ambiental. Un negociador comercial que no entiende los mecanismos de ajuste en frontera por carbono de la UE está negociando con una herramienta que no ve. Un analista de riesgo político que no incorpora la exposición climática de los países que analiza está produciendo evaluaciones incompletas.

El segundo eje de la conversación es el desarrollo profesional en sí mismo. La cuarta década del siglo XXI presenta a los graduados en RRII un mercado laboral más fragmentado y más internacional que el de generaciones anteriores, donde la trayectoria lineal (universidad, cancillería o organismo internacional, ascenso) es cada vez menos común y donde las competencias transversales determinan el acceso a oportunidades que antes requerían exclusivamente formación específica en relaciones internacionales.

Tres orientaciones que identifico como particularmente valiosas para los graduados que entran al mercado en este período. La primera es la diplomacia económica con foco en la transición energética: los próximos veinte años verán una reconfiguración masiva de los flujos de inversión, comercio y financiamiento en torno a la energía limpia, los minerales críticos y las tecnologías de descarbonización. Los países y las empresas que necesiten navegar esa transición necesitarán profesionales que entiendan simultáneamente la política exterior, la economía del sector energético y los marcos regulatorios internacionales.

La segunda es la gobernanza de tecnologías emergentes: la inteligencia artificial, la computación cuántica y la biotecnología están generando marcos normativos internacionales que requieren profesionales con capacidad de traducir entre el lenguaje técnico y el lenguaje político. Ese perfil de «traductor» entre mundos que no suelen comunicarse bien es extraordinariamente escaso y extraordinariamente demandado.

La tercera es la gestión de riesgos climáticos en el sector financiero y empresarial: los estándares ASG han creado una demanda enorme de profesionales que puedan hacer análisis de riesgo climático con rigor metodológico, que entiendan los marcos de reporte internacional (TCFD, GRI, ISSB) y que puedan comunicar esos análisis a consejos de administración y a inversores que los exigen pero que no siempre los comprenden.

Lo que une estas tres orientaciones es una característica común: todas requieren profesionales que puedan moverse con fluidez entre la política, la economía y la técnica, que tengan perspectiva internacional sin perder capacidad de análisis local, y que estén dispuestos a seguir aprendiendo en un entorno que cambia más rápido que cualquier plan de estudios puede anticipar. Eso, en definitiva, es lo que siempre han hecho los mejores internacionalistas: leer el mundo como es, no como los libros de texto dicen que debería ser.



Si tu medio necesita análisis sobre el futuro de las Relaciones Internacionales, los marcos ASG o las oportunidades profesionales en sostenibilidad, podéis contactarme aquí.

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