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Hombre de cabello canoso y traje oscuro conversa en una mesa con micrófono, flores y bandera de Israel.

domingo, 14 de abril de 2019

Elecciones en Israel: Hoy se ve una concentración que no existía

Netanyahu se consolida y la derecha radical crece en Israel. Por qué las elecciones de 2019 marcaron un punto de inflexión en la política israelí.

Entrevistado por Jessica Petrino en Café Prensa

El 14 de abril de 2019, Jessica Petrino me entrevistó en Café Prensa para analizar los resultados de las elecciones legislativas en Israel, celebradas apenas días antes. El escenario que arrojaron las urnas confirmaba una tendencia que venía madurando desde hacía años: la consolidación de Benjamín Netanyahu como figura dominante de la política israelí y, al mismo tiempo, el crecimiento sostenido de los partidos de la derecha radical, que empezaban a ocupar un espacio propio dentro de la coalición gobernante. Como especialista en política de Medio Oriente contemporáneo con, analicé en esa entrevista por qué esas elecciones marcaban un punto de inflexión y qué implicaba esa nueva concentración del poder en el espectro de la derecha para el proceso de paz y para la región.




¿Otra vuelta para Netanyahu?

Las elecciones israelíes de abril de 2019 no fueron solo una victoria de Netanyahu: fueron la confirmación de un reordenamiento profundo del sistema de partidos en Israel que venía gestándose desde la segunda intifada y que en esos comicios quedó cristalizado.


Lo más significativo no fue que el Likud ganara —eso era esperable— sino el peso creciente que los partidos situados a la derecha del propio Likud habían adquirido como actores de veto dentro de cualquier coalición posible. Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich, que en 2019 todavía eran figuras en ascenso, representaban una corriente que no solo rechazaba cualquier solución de dos estados, sino que planteaba posiciones sobre la población árabe israelí y sobre Cisjordania que habrían sido marginales en la política mainstream israelí una década antes. El hecho de que Netanyahu necesitara su apoyo para gobernar desplazaba el centro de gravedad de toda la coalición hacia posiciones que complicaban cualquier interlocución internacional.


El sistema electoral israelí —proporcional, con umbral bajo y sin segunda vuelta— favorece estructuralmente esta fragmentación y, paradójicamente, también la concentración del poder en manos de quien logra articular la coalición más amplia. Netanyahu había dominado ese arte durante décadas, pero a un costo creciente: cada vez dependía más de socios con agendas propias y menos dispuestos a ser actores de fondo.


Para la cuestión palestina, el mensaje era inequívoco. Los Acuerdos de Oslo ya llevaban años siendo papel mojado en la práctica, pero la composición del nuevo gobierno israelí hacía aún más improbable cualquier proceso negociador serio. La Autoridad Palestina en Ramala y Hamás en Gaza observaban dinámicas internas israelíes que no dejaban espacio para interlocutores dispuestos a ceder en los puntos fundamentales: Jerusalén, fronteras y asentamientos. Lo que 2019 mostró en Israel no fue solo quién ganó una elección, sino en qué dirección se estaba moviendo el centro de gravedad de toda la política israelí.




Si tu medio necesita análisis sobre Israel, la política de Medio Oriente o el conflicto palestino-israelí, puedes contactarme aquí.

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