
domingo, 23 de junio de 2024
El nuevo mapa político europeo tras las Elecciones Europeas 2024
Las elecciones europeas de 2024 redibujaron el mapa del Parlamento. Qué fuerzas crecieron, cuáles retrocedieron y qué implica para el rumbo de la UE.
Entrevistado por Damián Szvalb en Radio con Vos
El 23 de junio de 2024, Damián Szvalb me convocó en Radio con Vos para analizar los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo de 2024: una cita electoral que confirmó tendencias que venían gestándose desde hacía años y que redibujaron el mapa político del principal órgano legislativo de la Unión Europea. El avance de las fuerzas de derecha radical y populista, el retroceso de los partidos tradicionales del centroizquierda y la reconfiguración de las mayorías necesarias para gobernar el Parlamento fueron los ejes de una conversación que buscó separar el impacto inmediato del resultado de sus implicancias estructurales para el rumbo de la UE. Como especialista en política comparada europea con investigación en Oxford, analicé qué fuerzas crecieron, cuáles retrocedieron y qué significa ese nuevo mapa para la agenda comunitaria en los próximos años.
El nuevo mapa del Parlamento Europeo: por qué el avance de la derecha radical importa más allá de los números
Las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2024 confirmaron una tendencia que los analistas venían registrando en las encuestas pero que, vista en los resultados definitivos, resultó más pronunciada de lo esperado en varios países clave: el avance sostenido de las fuerzas de derecha populista y nacionalista, el debilitamiento de los partidos socialdemócratas en sus bastiones tradicionales, y la erosión —aunque no el colapso— de la gran coalición de centro que ha gobernado el Parlamento Europeo desde su creación.
El resultado más simbólicamente cargado fue el de Francia. La derrota aplastante del partido de Emmanuel Macron frente a la Agrupación Nacional de Marine Le Pen fue tan contundente que el presidente francés convocó elecciones legislativas anticipadas en una apuesta de alto riesgo que reflejaba, más que una estrategia clara, la urgencia de no dejar que el resultado europeo se consolidara como el nuevo equilibrio político doméstico. Que Macron —el líder que más había apostado por el proyecto europeo en los últimos años, el que había construido su identidad política sobre el europeísmo como alternativa al populismo— sufriera esa derrota en las urnas europeas tiene una carga simbólica que va más allá de la política francesa.
Alemania ofreció otra señal de alarma: el SPD del canciller Olaf Scholz quedó tercero detrás de la CDU/CSU y del partido de extrema derecha AfD, en un resultado que reflejó el desgaste de un gobierno de coalición que no había logrado articular una narrativa económica convincente en un contexto de estancamiento industrial y presión migratoria. Que AfD obtuviera más votos que el partido del canciller en ejercicio es un dato que tiene consecuencias sobre la política alemana que se extenderán mucho más allá del ciclo europeo.
A nivel del Parlamento Europeo en su conjunto, el avance de la derecha radical no fue suficiente para romper la mayoría del bloque de centro —PPE, S&D y Renew mantienen juntos una mayoría operativa— pero sí fue suficiente para complicar la formación de esa mayoría en temas específicos y para otorgar a las fuerzas más derechistas un peso de veto o de presión en expedientes concretos como migración, política climática y relaciones con Ucrania. La diferencia entre tener mayoría y gobernar cómodamente no es trivial cuando se trata de aprobar presupuestos, nombrar comisarios y definir la agenda legislativa de los próximos cinco años.
Las implicancias para el rumbo de la UE son múltiples. La agenda del Green Deal europeo —la transición ecológica como proyecto estructurante de la política comunitaria— enfrenta ahora una oposición parlamentaria más numerosa y más organizada que en el mandato anterior. La política migratoria, que ya era el expediente más conflictivo de la agenda comunitaria, tendrá aún menos margen para soluciones que impliquen solidaridad entre estados miembros. Y el apoyo a Ucrania —que requiere renovación periódica de compromisos financieros y militares— deberá negociarse en un Parlamento donde las fuerzas más escépticas hacia ese apoyo han crecido.
Para América Latina, el resultado europeo importa por dos razones. La primera es económica: una UE con una agenda más proteccionista y menos abierta al libre comercio —una de las demandas de la derecha populista— tiene implicancias directas sobre las negociaciones del acuerdo Mercosur-UE y sobre las condiciones de acceso al mercado europeo para las exportaciones regionales. La segunda es política: una Europa más fragmentada y menos capaz de articular posiciones comunes en foros multilaterales es una Europa con menor capacidad de influencia global en los expedientes que también afectan a América Latina.
Si tu medio necesita análisis sobre política europea, el avance de la derecha populista o las implicancias para América Latina, podéis contactarme aquí.
