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Varios barcos portacontenedores atraviesan una esclusa del canal, rodeados de vegetación y edificios industriales.

domingo, 27 de septiembre de 2020

La historia de los canales de Suez y Panamá y sus disputas

Dos canales que cambiaron la historia del comercio global y que siguen siendo objeto de disputa geopolítica. Qué hay detrás de Suez y Panamá.

Entrevistado por Leticia Martínez en Futurock

El 27 de septiembre de 2020, Leticia Martínez me convocó en Futurock para un recorrido histórico y geopolítico por dos de las obras de ingeniería más influyentes en la historia del comercio y la política mundiales: los canales de Suez y Panamá. Más que obras de infraestructura, estos canales son condensadores de historia: cada uno fue el escenario de disputas imperiales, guerras frías y negociaciones de soberanía que definen lo que son hoy. Y ambos siguen siendo, en el siglo XXI, objetos de tensión geopolítica activa —como lo demostraría años después el bloqueo del Ever Given en Suez en 2021 o las declaraciones de Trump sobre Panamá en 2025. Como especialista en política internacional miembro de REDAPPE y en historia contemporánea, ofrecí esa lectura de largo aliento sobre dos arterias que el mundo moderno no puede permitirse perder.




Suez y Panamá: dos canales, dos siglos de geopolítica y una lección sobre el poder de la infraestructura

Hay obras humanas que trascienden su función técnica para convertirse en condensadores de historia, en escenarios donde los grandes conflictos del orden internacional se juegan de forma comprimida y visible. Los canales de Suez y Panamá son dos de esas obras. Construidos con décadas de diferencia, en continentes distintos y bajo lógicas imperiales distintas, ambos comparten una característica que los hace permanentemente relevantes: controlar el paso entre mares es controlar el comercio global, y controlar el comercio global es una de las formas más antiguas y más duraderas de poder.


El Canal de Suez fue inaugurado en 1869, producto de la visión del diplomático francés Ferdinand de Lesseps y del trabajo forzado de decenas de miles de egipcios bajo el Jedivato de Egipto, entonces vasallo del Imperio Otomano. Desde su apertura, el canal redujo drásticamente el tiempo de navegación entre Europa y Asia: los barcos ya no necesitaban rodear el Cabo de Buena Esperanza en el extremo sur de África, y esa reducción de distancia y costo transformó los patrones del comercio global de una manera que todavía estructura las rutas marítimas contemporáneas.


El Reino Unido adquirió el control mayoritario del canal en 1875 —cuando el Jedive vendió su participación acuciado por deudas— y lo mantuvo como uno de los activos estratégicos más valiosos de su Imperio durante décadas. La crisis de Suez de 1956 fue el momento de ruptura: el presidente egipcio Nasser nacionalizó el canal, Francia y el Reino Unido —con el apoyo secreto de Israel— lanzaron una intervención militar para recuperarlo, y EE.UU. —bajo Eisenhower— les ordenó retirarse en uno de los gestos más reveladores del nuevo orden de posguerra: la potencia que había ganado la Segunda Guerra Mundial no toleraba que sus aliados europeos actuaran como potencias imperiales sin su consentimiento. El Imperio Británico murió simbólicamente en Suez en 1956.


El Canal de Panamá tiene una historia igualmente cargada de imperialismo y de soberanía disputada. Inaugurado en 1914 después de que EE.UU. apoyara la secesión de Panamá de Colombia en 1903 para obtener los derechos sobre la zona del canal, fue durante décadas el símbolo más visible de la hegemonía estadounidense en América Latina: una franja de territorio soberano bajo control exclusivo de Washington en el corazón del continente. Los Tratados Torrijos-Carter de 1977 —que establecieron la transferencia gradual del canal a Panamá, completada en 1999— fueron el resultado de décadas de presión panameña y de un cálculo estratégico estadounidense que reconocía que el costo político de mantener el control directo superaba los beneficios.


La relevancia contemporánea de ambos canales no es solo histórica. Suez sigue siendo el paso de aproximadamente el 12-13% del comercio marítimo mundial, y el bloqueo del carguero Ever Given en marzo de 2021 —que paralizó el canal durante seis días— demostró de forma espectacular cuán dependiente es la economía global de esa arteria. El canal de Panamá, por su parte, sigue siendo el paso de conexión entre el Atlántico y el Pacífico para una proporción significativa del comercio entre Asia y la costa este de EE.UU., y la creciente presencia de China en inversiones portuarias y de infraestructura en Panamá ha generado las tensiones con Washington que las declaraciones de Trump sobre la soberanía del canal —formuladas en enero de 2025— hicieron evidentes de la manera más directa posible.


Lo que la historia de estos dos canales enseña sobre el poder en las relaciones internacionales es algo que la tecnología y la virtualización de la economía tienden a oscurecer: la geografía sigue importando. El control de los cuellos de botella físicos del comercio global —puertos, canales, estrechos, cables submarinos— es una de las formas más concretas y más duraderas de poder estratégico, y los países que los controlan o que pueden interrumpirlos tienen una palanca que ningún activo financiero puede reemplazar completamente.



Si tu medio necesita análisis sobre geopolítica marítima, los canales de Suez o Panamá, o la historia de las rutas comerciales globales, puedes contactarme aquí.

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