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Hombre rubio con traje oscuro sonríe y levanta ambos pulgares frente a banderas del Reino Unido.

martes, 28 de enero de 2020

Tras el Brexit el Reino Unido buscará nuevos tratados de libre comercio

Fuera de la UE, el Reino Unido miró hacia el Commonwealth. Qué tan viable es esa apuesta y qué implica para su rol en la economía global.

Entrevistado en Radio Mendoza

El 28 de enero de 2020, días antes de la salida formal del Reino Unido de la Unión Europea, fui entrevistado en la Universidad Di Tella para analizar una de las consecuencias más inmediatas y concretas del Brexit: la necesidad del Reino Unido de reconstruir desde cero su red de acuerdos comerciales. Al salir de la UE, Londres perdía automáticamente el acceso preferencial a los mercados con los que Bruselas había negociado tratados de libre comercio durante décadas —incluyendo Canadá, Japón, Corea del Sur, Singapur y decenas de otros países. Como especialista en política comparada con investigación en Oxford y conocimiento de la política comercial británica, analicé cuáles eran los acuerdos prioritarios que el Reino Unido necesitaba negociar con urgencia y qué desafíos enfrentaba en esa tarea.




El Reino Unido post-Brexit y el libre comercio: la promesa más difícil de cumplir

Uno de los argumentos más repetidos por los defensores del Brexit durante la campaña de 2016 fue que fuera de la UE, el Reino Unido podría negociar sus propios acuerdos de libre comercio con el mundo, liberado de las restricciones y los tiempos del proceso comunitario europeo. Era un argumento con cierta lógica: la UE negocia en nombre de 27 estados miembros con intereses a veces divergentes, lo que hace sus procesos de negociación comercial lentos y complicados. Un Reino Unido independiente podría ser más ágil, más flexible, más adaptado a sus propios intereses específicos.


La realidad que el período post-Brexit reveló fue más compleja. El Reino Unido salió de la UE perdiendo automáticamente el acceso a todos los tratados de libre comercio que Bruselas había negociado en nombre de sus miembros —más de cuarenta acuerdos con economías que representaban alrededor del 70% del comercio exterior británico fuera de la propia UE. La tarea de reconstituir esa red bilateralmente, desde cero, requería el mismo tipo de recursos humanos, técnicos y diplomáticos que la UE había desarrollado a lo largo de décadas, y que el Reino Unido no tenía en la escala necesaria.


Los acuerdos prioritarios que Londres necesitaba negociar con urgencia eran varios. El primero —y el más anunciado como símbolo del Brexit triunfante— era con EE.UU. Boris Johnson y Donald Trump habían prometido un acuerdo rápido y ambicioso que demostraría los beneficios de la independencia comercial británica. Ese acuerdo no llegó durante la presidencia de Trump por las complejidades de las negociaciones sectoriales, y la administración Biden lo condicionó al mantenimiento del Protocolo de Irlanda del Norte —que protegía el Acuerdo de Viernes Santo— convirtiendo el acuerdo comercial con EE.UU. en un expediente políticamente cargado que no se resolvió en el período estudiado.


El segundo acuerdo prioritario era el rollover —la continuación en términos similares— de los tratados que el Reino Unido ya tenía como miembro de la UE con terceros países. Esa tarea fue más exitosa: Londres logró reproducir en formato bilateral la mayoría de los acuerdos existentes con Japón, Canadá, Corea del Sur, Singapur y otros socios, aunque con frecuencia en términos menos favorables que los originales negociados por la UE, que tiene mayor poder de negociación por el tamaño de su mercado.


El tercer expediente —el más relevante en términos de volumen comercial— era el acuerdo con la propia UE, que siguió siendo el principal socio comercial del Reino Unido independientemente del Brexit. El acuerdo de comercio y cooperación firmado en diciembre de 2020 evitó los aranceles sobre bienes pero introdujo fricciones burocráticas, controles fitosanitarios y barreras no arancelarias que no existían cuando el Reino Unido era parte del mercado único. El sector más afectado fue el de servicios —especialmente los servicios financieros— que representan el 80% de la economía británica y que quedaron sin equivalente al pasaporte europeo que antes les permitía operar libremente en toda la UE desde Londres.


Lo que el proceso post-Brexit demostró sobre la política comercial internacional es algo que los economistas sabían pero que la campaña había oscurecido: el libre comercio no es solo la ausencia de aranceles. Es la alineación de normas, estándares, procedimientos de certificación y marcos regulatorios que permiten que los bienes y servicios fluyan sin fricción. Construir esa alineación bilateralmente, con cada socio comercial, requiere tiempo, recursos y concesiones que los defensores del Brexit prometieron que no serían necesarias.


Para Argentina y América Latina, el período post-Brexit abrió una ventana de oportunidad específica: la negociación de un acuerdo de libre comercio bilateral con el Reino Unido, que antes de 2020 no era posible porque Londres negociaba solo como parte de la UE. Esa oportunidad existe, pero como todas las oportunidades comerciales, requiere que quien quiera aprovecharla invierta en la diplomacia y en la preparación técnica necesarias para hacerla concreta.



Si tu medio necesita análisis sobre el Brexit, la política comercial del Reino Unido o las oportunidades para América Latina, podéis contactarme aquí.

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