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El módulo lunar y el rover dorados de Chandrayaan-3 exploran la superficie lunar con la Tierra visible al fondo.

domingo, 3 de septiembre de 2023

Programa Espacial de la India y la Misión Chandrayaan-3 a la Luna

India puso una nave en la Luna y cambió su lugar en la carrera espacial global. Qué significa la Misión Chandrayaan-3 más allá del logro técnico.

Entrevistado por Niketan en Radio Milenium

El 3 de septiembre de 2023, Niketan me convocó en Radio Milenium para analizar uno de los hitos científicos y geopolíticos más significativos del año: el alunizaje exitoso de la misión Chandrayaan-3 de India en el polo sur de la Luna, convirtiendo a Nueva Delhi en el cuarto país de la historia en lograr una alunización suave y el primero en hacerlo en esa región específica del satélite. Más allá del logro técnico —extraordinario en sí mismo para un país con una fracción del presupuesto espacial de EE.UU., Rusia o China— la misión tiene implicancias geopolíticas, científicas y simbólicas que merecen un análisis que vaya más allá de la celebración. Como investigador del Grupo India del Comité de Asuntos Asiáticos del CARI y seguidor de las dinámicas de poder en el Indo-Pacífico, ofrecí ese contexto más amplio.




Chandrayaan-3: por qué el alunizaje indio es un evento geopolítico además de científico

El 23 de agosto de 2023, la nave Vikram de la misión Chandrayaan-3 de la Organización de Investigación Espacial India (ISRO) aterrizó suavemente en el polo sur lunar. Cuatro días antes, Rusia había intentado lo mismo con su misión Luna-25 y había fallado, estrellándose contra la superficie. El contraste fue brutalmente elocuente: el programa espacial ruso —heredero directo de la potencia que puso el primer satélite y el primer humano en el espacio— fracasó donde el programa indio, con un presupuesto total de apenas 75 millones de dólares, tuvo éxito. Pocas imágenes condensan mejor el reordenamiento de capacidades tecnológicas que está redibujando el mapa del poder global en el siglo XXI.


El polo sur lunar no es un destino elegido al azar. Es la zona del satélite donde la evidencia científica sugiere la presencia de agua en forma de hielo en cráteres permanentemente en sombra. El agua lunar no es solo un hallazgo científico: es un recurso estratégico para cualquier programa de exploración espacial de largo alcance, porque puede descomponerse en hidrógeno y oxígeno para producir combustible y oxígeno respirable. La carrera por establecer presencia en esa zona no es solo ciencia: es la anticipación de una economía espacial donde los recursos lunares tendrán valor concreto.


India llega a esa carrera con ventajas que no son evidentes a primera vista. El presupuesto de la ISRO es una fracción del de la NASA, la ESA o la CNSA china, pero su eficiencia de costo es extraordinaria: la misión Mangalyaan a Marte en 2014 costó menos que la producción de la película Gravity. Esa capacidad de hacer mucho con poco no es solo una curiosidad estadística: es un modelo que otros países en desarrollo pueden replicar y que hace de India un socio atractivo para programas espaciales de naciones que no pueden costear la escala de los gigantes espaciales tradicionales.


Las implicancias geopolíticas del éxito de Chandrayaan-3 operan en varios niveles simultáneos. El primero es el de la credibilidad tecnológica: India demostró que puede ejecutar con éxito misiones espaciales de alta complejidad, lo que refuerza su posición en negociaciones sobre transferencia de tecnología, acuerdos de cooperación científica y su candidatura a espacios de gobernanza tecnológica global. El segundo es el del liderazgo del Sur Global: ser el primer país en alunizar en el polo sur —superando a EE.UU., Rusia y China en ese objetivo específico— tiene un valor simbólico enorme para la narrativa de India como potencia emergente que compite en igualdad de condiciones con los países más desarrollados.


El tercero es el doméstico. Modi utilizó el momento del alunizaje con una maestría política notable: estuvo presente en la transmisión en vivo desde Johannesburgo, donde participaba en la Cumbre de los BRICS, y convirtió el éxito de la ISRO en un elemento central de su narrativa de gobierno. El programa espacial indio es, bajo su administración, parte explícita del proyecto de India como potencia global, con una conexión entre ciencia, orgullo nacional y ambición geopolítica que la ciudadanía percibe y que el gobierno cultiva deliberadamente.


Para América Latina, el éxito de Chandrayaan-3 ofrece una lectura sobre lo que es posible cuando un país con recursos limitados invierte con consistencia en ciencia, tecnología e instituciones de investigación durante décadas. India no construyó la ISRO de la noche a la mañana: tiene más de 60 años de historia, múltiples fracasos y una cultura institucional de aprendizaje acumulativo que explica por qué Chandrayaan-3 tuvo éxito donde Chandrayaan-2 había fallado en 2019. La paciencia estratégica —la capacidad de sostener un proyecto de largo plazo más allá de los ciclos políticos— es exactamente lo que más le cuesta a la región.



Si tu medio necesita análisis sobre geopolítica espacial, el programa tecnológico indio o las implicancias para el Indo-Pacífico, puedes contactarme aquí.

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