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Dos políticos británicos de traje conversan en un podio oficial, con banderas del Reino Unido al fondo.

martes, 25 de noviembre de 2014

El cambio de la marea - ¿hacia una nueva política británica?

Reino Unido enfrenta su mapa político más fragmentado desde la posguerra. Qué fuerzas están reordenando el sistema y por qué importa entenderlo.

Entrevistado en Zoon Politikon

El 25 de noviembre de 2014, fui entrevistado en Zoon Politikon para analizar la transformación más profunda que había experimentado el sistema de partidos del Reino Unido desde la posguerra. El bipartidismo que durante décadas había alternado gobiernos entre conservadores y laboristas estaba siendo sacudido por dos fuerzas de naturaleza muy distinta pero de efecto igualmente disruptivo: el Partido Nacional Escocés (SNP), que tras el referéndum de independencia de septiembre de 2014 había salido fortalecido como articulador del descontento escocés dentro del Reino Unido, y el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), que canalizaba el euroescepticismo y la reacción nativista de sectores de la clase trabajadora inglesa que se sentían abandonados tanto por el Partido Conservador como por el Partido Laborista. Como especialista en política del Reino Unido y sistemas de partidos europeos, analicé en esa entrevista qué estaba cambiando en la política británica y qué consecuencias podría tener ese reordenamiento para la estabilidad institucional del país.




Una nueva Gran Bretaña

El sistema político británico había sido durante décadas uno de los más estables de las democracias occidentales, y esa estabilidad descansaba sobre un fundamento muy concreto: el sistema electoral mayoritario de una sola vuelta (first past the post), que castigaba a los terceros partidos y favorecía la concentración del voto en dos grandes fuerzas. Ese mecanismo había funcionado con notable eficacia durante la mayor parte del siglo XX, pero en 2014 empezaba a mostrar sus límites frente a una fragmentación del electorado que el sistema no estaba diseñado para procesar.


El SNP era el caso más claro de esa tensión. El referéndum escocés de septiembre de 2014 había arrojado un 55% a favor de la permanencia en el Reino Unido, pero el proceso había activado una politización sin precedentes en Escocia: la participación superó el 84%, y el 45% que había votado por la independencia no desapareció tras la derrota, sino que se volcó masivamente al SNP como vehículo de representación de sus demandas dentro del marco constitucional británico. Las elecciones generales de mayo de 2015 lo confirmarían de forma espectacular: el SNP pasó de 6 a 56 escaños en Westminster, barriendo a laboristas y liberales en casi toda Escocia.


El UKIP, por su parte, representaba una dinámica diferente pero igualmente reveladora. Su irrupción no era solo un fenómeno de euroescepticismo: era la expresión de un descontento más profundo de sectores de la clase trabajadora inglesa —especialmente en el norte de Inglaterra y en el cinturón industrial en declive— que ya no se identificaban con el Partido Laborista de la era Blair y tampoco con el Partido Conservador de Cameron. Ese electorado desplazado sería el que, dos años después, inclinaría la balanza del referéndum del Brexit.


Lo que 2014 mostraba, en definitiva, era que el Reino Unido había dejado de ser un sistema bipartidista en sentido estricto para convertirse en algo más complejo: un sistema fragmentado en el que las lógicas territoriales, identitarias y de clase producían electorados cada vez menos predecibles y partidos con crecientes dificultades para construir mayorías parlamentarias estables. La marea que cambió en 2014 no volvió al mismo lugar: el Brexit, la crisis del Partido Laborista bajo Corbyn y la fractura escocesa son todos capítulos de una reconfiguración que aquel año apenas comenzaba a dibujarse.



Si tu medio necesita análisis sobre la política del Reino Unido, el Brexit o los procesos de transformación de los sistemas de partidos en Europa, podéis contactarme aquí.

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