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Logotipo azul de la ONU con mapa mundial y ramas de olivo, acompañado del lema “UN75 2020 and beyond” en blanco.

sábado, 24 de octubre de 2020

75 años de la ONU: cuatro instantáneas y un ejercicio para 2045

Setenta y cinco años de ONU en cuatro momentos clave. Qué institución fue, qué es hoy y hacia dónde puede ir en las próximas décadas.

Entrevistado en Infobae

El 24 de octubre de 2020, en el 75° aniversario de la fundación de las Naciones Unidas, publiqué un análisis en Infobae en el que recorrí cuatro momentos clave de la historia de la organización —1945, 1970, 1995 y 2020— para trazar una lectura de qué institución fue, qué es hoy y hacia dónde puede ir en las próximas décadas. Un ejercicio de historia útil: no la celebración acrítica de un aniversario sino el intento de entender qué puede esperarse de la ONU en 2045, cuando cumpla cien años, a la luz de lo que ha sido en sus primeros setenta y cinco. Como especialista en política internacional con investigación en Oxford y participación en foros multilaterales, ofrecí esa lectura de largo aliento sobre una institución que es simultáneamente indispensable e insuficiente.




75 años de la ONU: la institución que todos critican y nadie quiere perder

Hay pocas instituciones en la historia de la gobernanza global que hayan generado simultáneamente tanta frustración y tanta dependencia como las Naciones Unidas. Setenta y cinco años después de su fundación en San Francisco en 1945, la ONU sigue siendo el único espacio donde los 193 estados miembros del sistema internacional comparten formalmente una misma mesa, donde las normas del derecho internacional se codifican y se invocan, y donde los conflictos —aunque no siempre se resuelvan— se discuten en lugar de solo combatirse. Eso no es poco. Pero tampoco es suficiente para las demandas que el mundo del siglo XXI le hace.


1945: el mundo que quería no repetir la guerra

La ONU nació de la determinación de no repetir el fracaso de la Sociedad de Naciones y de los treinta años de catástrofe que habían comenzado en 1914. Su arquitectura refleja ese origen: el Consejo de Seguridad con cinco miembros permanentes y poder de veto —EE.UU., URSS, Reino Unido, Francia y China (entonces la República de China de Chiang Kai-shek)— era la formalización del acuerdo entre las potencias vencedoras de que el mantenimiento de la paz requería su consentimiento. Ese diseño tenía una lógica pragmática: una institución que incluyera a las grandes potencias con poder real era más útil que una que las excluyera y que ellas ignorarían. El costo de esa lógica fue la parálisis sistemática en los conflictos donde esas potencias tuvieran intereses opuestos.


1970: la ONU de la descolonización y el Sur Global

Para 1970, la ONU había cambiado radicalmente en composición: la descolonización de África y Asia había triplicado el número de estados miembros, convirtiendo a la Asamblea General en un espacio donde las antiguas colonias tenían voto formal aunque no poder real. Ese período produjo los debates más intensos sobre el Nuevo Orden Económico Internacional —la demanda del Sur Global de condiciones más justas de comercio, inversión y transferencia de tecnología— que el bloque occidental bloqueó sistemáticamente. La ONU fue en esos años el escenario de una lucha de poder entre Norte y Sur que el lenguaje diplomático vestía con retórica de derechos pero que en el fondo era una disputa sobre los términos de la inserción de los países en desarrollo en la economía global.


1995: la ONU en el mundo unipolar

El fin de la Guerra Fría abrió un período de renovada expectativa sobre el multilateralismo: sin el bloqueo soviético en el Consejo de Seguridad, la ONU podría finalmente actuar con la eficacia que sus fundadores habían imaginado. Esa expectativa se tradujo en una explosión de operaciones de paz en los años noventa —Somalia, Ruanda, Bosnia, Haití— con resultados mixtos que revelaron los límites de una organización que tiene mandatos pero no ejército propio, que autoriza el uso de la fuerza pero depende de que los estados miembros la provean. El genocidio de Ruanda en 1994 —ocurrido mientras había cascos azules en el territorio y mientras el Consejo de Seguridad evitaba pronunciar la palabra genocidio para no verse obligado a actuar— fue el momento más oscuro de esa década y el que más dañó la credibilidad de la organización como garante de la seguridad humana.


2020: la ONU ante la pandemia y la multipolaridad

El 75° aniversario llegó en el peor momento posible: en medio de una pandemia que la OMS —agencia especializada de la ONU— gestionó en un contexto de tensión política extrema, con EE.UU. anunciando su retirada del organismo bajo Trump y con China acusada de haber demorado la comunicación inicial sobre el virus. La ONU no estuvo ausente —el Secretario General Guterres lanzó llamamientos repetidos a la cooperación global— pero tampoco fue el centro de la respuesta: los grandes acuerdos sobre vacunas, las restricciones de viaje y los paquetes de estímulo se negociaron bilateralmente o en el G20, no en el Consejo de Seguridad.


2045: ¿qué ONU necesitamos?

El ejercicio prospectivo más honesto para 2045 no es predecir qué ONU tendremos —eso depende de decisiones políticas que aún no se han tomado— sino identificar qué ONU necesitamos para los desafíos que se avecinan: cambio climático, gobernanza de la inteligencia artificial, pandemias futuras, gestión de la transición hegemónica entre EE.UU. y China, y las migraciones masivas que el cambio climático producirá en las próximas décadas. Para esos desafíos, la ONU de 1945 no es suficiente. Necesitaría, como mínimo, una reforma del Consejo de Seguridad que incorpore a potencias emergentes como India, Brasil y Sudáfrica, y mecanismos de decisión que no puedan ser bloqueados indefinidamente por un solo miembro permanente.


La ONU a los 75 años es una institución que todos critican y nadie quiere perder porque, con todos sus defectos, representa el único experimento sostenido de gobernanza global que la humanidad ha producido. Reformarla es más difícil que criticarla. Pero es la única alternativa a un mundo donde las reglas las dictan exclusivamente los más fuertes.




Si tu medio necesita análisis sobre el multilateralismo, la ONU o la gobernanza global, puedes contactarme aquí.

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