
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Itallicum: cuando Italia escuchó a Duverger
Italia intentó cortar con décadas de inestabilidad gubernamental. Qué propuso Renzi, qué falló y qué reveló sobre los límites del reformismo europeo.
Entrevistado en Zoon Politikon
El 24 de diciembre de 2014, fui entrevistado en Zoon Politikon para analizar una de las reformas institucionales más ambiciosas que había intentado Italia en décadas: la nueva ley electoral impulsada por el gobierno de Matteo Renzi, conocida como el Italicum. La norma buscaba algo que el sistema político italiano perseguía sin éxito desde el fin de la Primera República: dotar al país de gobiernos estables, con mayorías claras y mandatos completos, poniendo fin a la crónica volatilidad ministerial que había convertido a Italia en el ejemplo paradigmático de inestabilidad institucional en Europa Occidental. El Italicum bebía explícitamente de las ideas del politólogo francés Maurice Duverger sobre la relación entre sistemas electorales y formación de mayorías. Como analista de política comparada y sistemas electorales europeos, examiné en esa entrevista qué proponía la reforma, qué riesgos entrañaba y qué decía sobre los límites del reformismo institucional en democracias fragmentadas.
La ambiciosa apuesta de Renzi
El Italicum era, en su diseño, una apuesta audaz: introducir una prima de mayoría para el partido o coalición más votada —garantizándole al menos el 54% de los escaños en la Cámara de Diputados— y combinarla con una segunda vuelta si ninguna fuerza superaba el 40% en primera ronda. El objetivo declarado era romper el círculo vicioso que había producido, desde 1946, más de sesenta gobiernos en Italia: una fragmentación parlamentaria que hacía imposible sostener coaliciones estables y que convertía cada presupuesto, cada reforma estructural y cada votación de confianza en una negociación permanente con partidos pequeños de intereses particulares.
La referencia a Maurice Duverger no era casual. El politólogo francés había formulado en los años cincuenta su célebre "ley" sobre la relación entre sistemas electorales y número de partidos: los sistemas mayoritarios tienden a producir bipartidismo; los proporcionales favorecen la fragmentación. Italia había sido durante décadas el contraejemplo por excelencia de esa lógica, con un sistema proporcional que generaba multipartidismo extremo y gobiernos de coalición inevitablemente inestables. El Italicum intentaba introducir la lógica correctora de Duverger sin abandonar del todo la representación proporcional.
El problema era que la ingeniería electoral opera sobre estructuras políticas que tienen su propia inercia. Renzi diseñó el Italicum pensando en un escenario de competencia entre el Partido Democrático (PD) y la centroderecha, pero el auge del Movimiento 5 Estrellas (M5S) —un actor que no encajaba en ninguna de las categorías del sistema anterior— alteró completamente el cálculo. Una prima de mayoría que beneficiaría al PD en un escenario bipolar podía igualmente beneficiar al M5S si este se convertía en la primera fuerza, algo que la reforma no había anticipado y que generó resistencias crecientes incluso dentro de la izquierda italiana.
El Italicum nunca llegó a aplicarse en unas elecciones generales. El Tribunal Constitucional italiano lo recortó en 2017, y el propio Renzi había sufrido antes una derrota en el referéndum constitucional de diciembre de 2016 que lo obligó a dimitir, dejando inconcluso su proyecto reformista. Lo que la historia del Italicum ilustra es que las reformas electorales no son técnicas neutras: son intervenciones políticas que producen ganadores y perdedores, y que rara vez sobreviven intactas al contacto con la realidad de la competencia partidaria.
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