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Autobús rojo de campaña de Vote Leave estacionado frente al Parlamento británico, con letreros políticos.

viernes, 31 de enero de 2020

La campaña del Brexit: cuánto influyó la desinformación en el divorcio de Europa

Las fake news no fueron un accidente en el Brexit: fueron parte de la campaña. Cómo operó la desinformación y qué tan decisiva fue en el resultado.

Entrevistado por Carolina Amoroso en TN

El 31 de enero de 2020, el día en que el Brexit se hizo efectivo y el Reino Unido abandonó formalmente la Unión Europea, Carolina Amoroso me consultó en TN para analizar un aspecto específico de la campaña que había producido ese resultado: el rol de la desinformación. Las fake news no fueron un accidente en el Brexit: fueron parte deliberada de la estrategia de la campaña «Vote Leave», con afirmaciones documentadamente falsas sobre los costos de la membresía británica en la UE que circularon en millones de pantallas y que moldearon la percepción de votantes que de otra manera podrían haber decidido de forma diferente. Como especialista en política comparada con investigación en Oxford y ex becario ante la Comisión Europea analicé cómo operó esa desinformación y cuán decisiva fue en el resultado.




Brexit y desinformación: cuando una mentira en un autobús cambia la historia

Hay imágenes que resumen un momento político con una claridad que ningún análisis puede superar. La del autobús rojo de la campaña «Vote Leave» con la afirmación de que el Reino Unido enviaba 350 millones de libras semanales a Bruselas —dinero que podría destinarse al sistema nacional de salud— es una de ellas. Era falsa. La cifra real, después de descontar el descuento negociado por Thatcher y los fondos que retornaban al Reino Unido en forma de subsidios agrícolas y regionales, era considerablemente menor. Los organismos de verificación independientes lo documentaron durante la campaña. Y sin embargo, ese mensaje recorrió el país en el lateral de un autobús, apareció en millones de publicaciones en redes sociales, y se instaló en el imaginario de votantes que tenían razones reales para estar descontentos con el statu quo pero que tomaron su decisión sobre la base de una premisa incorrecta.


La pregunta de cuánto influyó la desinformación en el resultado del referéndum del 23 de junio de 2016 —en que el 51,9% votó por salir con una ventaja de poco más de un millón de votos sobre una participación de más de 33 millones— no tiene una respuesta definitiva. Los experimentos naturales en política son imposibles: no podemos saber qué habría votado el 52% de los votantes a favor del Brexit si la campaña hubiera sido completamente honesta. Pero hay evidencia acumulada sobre los mecanismos por los que la desinformación operó que permite hacer una evaluación más matizada que el simple «las fake news decidieron el Brexit».


El primer mecanismo fue la saturación informativa. La campaña «Vote Leave» —dirigida por Dominic Cummings con la asesoría de Cambridge Analytica en la gestión de datos de redes sociales— no solo difundió afirmaciones falsas: difundió tantas afirmaciones, verdaderas, parcialmente verdaderas y falsas mezcladas, que el ecosistema informativo quedó saturado y la verificación se volvió prácticamente imposible para el votante promedio. Esa estrategia de sobrecarga informativa no es exclusiva del Brexit: se convirtió en un modelo que se replicó en otras campañas electorales del período.

El segundo mecanismo fue la microsegmentación de mensajes.


Cambridge Analytica —cuyo rol fue investigado en detalle por el Parlamento británico después del referéndum— había construido perfiles psicográficos de millones de votantes a partir de sus datos de Facebook, y utilizó esos perfiles para enviar mensajes específicamente diseñados para resonar con las ansiedades particulares de cada segmento: para los que temían la inmigración, un mensaje sobre control de fronteras; para los que desconfiaban de las élites, un mensaje sobre soberanía; para los que se sentían económicamente dejados atrás, el mensaje del autobús sobre los 350 millones de libras para el sistema de salud.


El tercer mecanismo, quizás el más difícil de cuantificar, fue el efecto sobre la confianza. Las investigaciones posteriores mostraron que los votantes del Brexit tendían a sobrestimar significativamente el número de inmigrantes en el Reino Unido —lo que sugería que la cobertura mediática sistemáticamente sesgada sobre inmigración había producido una percepción distorsionada de la realidad que informaba sus decisiones políticas.


Lo que el Brexit demostró sobre la desinformación en las democracias contemporáneas es algo que los teóricos de la deliberación democrática habían asumido como problema teórico pero que el referéndum convirtió en evidencia empírica concreta: las democracias modernas asumen que los ciudadanos votan sobre la base de información suficientemente correcta como para que su decisión refleje genuinamente sus preferencias. Cuando esa información está sistemáticamente distorsionada, la legitimidad del resultado —aunque sea procedimentalmente correcto— queda comprometida de una manera que las instituciones no tienen mecanismos fáciles para gestionar.


Cuatro años después del referéndum, con el Brexit efectivizado el 31 de enero de 2020 y sus consecuencias económicas parcialmente visibles, la pregunta sobre la desinformación no era solo académica: era política. Si una parte significativa del electorado había votado sobre la base de afirmaciones documentadamente falsas, ¿qué responsabilidad tenían quienes las produjeron y quienes las distribuyeron? La respuesta que el sistema político y judicial británico produjo fue, en líneas generales, insatisfactoria: multas menores, investigaciones parlamentarias sin consecuencias vinculantes, y el problema estructural de la desinformación en las plataformas digitales sin resolver.



Si tu medio necesita análisis sobre el Brexit, la desinformación en política o el estado de la democracia en el Reino Unido, podéis contactarme aquí.

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