
miércoles, 31 de mayo de 2023
El rol de India en el Sistema Internacional
India no se alinea con Washington ni con Beijing: juega su propio juego. Cómo construyó Modi una estrategia de multialineamiento que la convierte en actor clave del siglo XXI.
Entrevistado por Sebastian D'agrosa Okita en Escenario Mundial
El 31 de mayo de 2023, Sebastián D'Agrosa Okita me entrevistó en Escenario Mundial para analizar uno de los fenómenos más fascinantes de la geopolítica contemporánea: la estrategia de multialineamiento con la que Narendra Modi ha posicionado a India como un actor de primera línea en el sistema internacional sin comprometerse definitivamente con ninguno de los bloques en competencia. Ni con Washington ni con Pekín, ni con Moscú ni con Bruselas: India juega simultáneamente en todos los tableros con una coherencia que muchos analistas confunden con oportunismo pero que responde a una doctrina de largo plazo. Como investigador del Grupo India del Comité de Asuntos Asiáticos del CARI y gracias a mi seguimiento sostenido del Indo-Pacífico, ofrecí una lectura de cómo se construyó esa estrategia y por qué convierte a India en uno de los actores más relevantes del siglo XXI.
India y el multialineamiento: cómo Modi convirtió la ambigüedad estratégica en una doctrina de poder
Hay una tentación frecuente en el análisis de política exterior india: llamar «oportunismo» a lo que en realidad es una doctrina. India bajo Modi no actúa sin brújula cuando compra armas rusas mientras se integra al Quad con EE.UU., cuando se sienta en la OCS con China y Rusia mientras profundiza sus vínculos de defensa con Washington, o cuando se abstiene en las votaciones de la ONU sobre Ucrania mientras mantiene relaciones fluidas con Kiev. Actúa con una coherencia estratégica que tiene nombre propio en la tradición diplomática india: autonomía estratégica, y que en el siglo XXI se ha traducido en una política de multialineamiento deliberada y sistemática.
La raíz histórica de esa doctrina está en el Movimiento de Países No Alineados que Nehru co-fundó en la Guerra Fría. Pero el multialineamiento de Modi no es simplemente una reedición del no alineamiento clásico: donde el no alineamiento buscaba la distancia de los bloques, el multialineamiento busca la presencia simultánea en todos ellos. India no quiere estar fuera de los tableros; quiere estar en todos a la vez, extrayendo beneficios de cada relación sin pagar el costo de exclusividad que ningún bloque ha logrado imponerle.
Las relaciones con Rusia son el caso más ilustrativo y el más incómodo para Occidente. India es uno de los principales compradores de armamento ruso —una dependencia histórica que se construyó durante décadas de cooperación en defensa— y siguió comprando crudo ruso a precio de descuento después de la invasión de Ucrania, contribuyendo indirectamente a sostener las finanzas del Kremlin en un momento en que las sanciones occidentales buscaban precisamente lo contrario. Washington y Bruselas protestaron, pero con moderación: perder a India como socio estratégico en el Indo-Pacífico ante China sería un costo geopolítico infinitamente mayor que tolerar sus compras de petróleo ruso.
Esa asimetría de costos es exactamente lo que Modi ha sabido explotar. India es demasiado grande, demasiado poblada, demasiado estratégicamente ubicada y demasiado creciente en términos económicos para que ninguna potencia se permita el lujo de alienarla. Eso le otorga un margen de maniobra que países de tamaño o peso similares no tienen, y que Modi ha utilizado con una consistencia que va más allá de la personalidad del líder: es una apuesta de Estado que sobrevivirá a cualquier alternancia electoral.
La relación con China es la más tensa y la más relevante para entender los límites del multialineamiento. Las dos potencias comparten la frontera más disputada del mundo —el Himalaya—, compiten por influencia en Asia del Sur, África y los foros multilaterales, y tienen economías que son simultáneamente complementarias y rivales. Modi ha mantenido con Pekín una política de confrontación táctica controlada: firmeza en los incidentes fronterizos, resistencia a la penetración de infraestructura china en el Índico, pero sin ruptura diplomática que cierre las puertas a la cooperación económica donde los intereses coinciden.
Lo que la estrategia de India demuestra para el análisis de política exterior es que en un mundo multipolar, los países con suficiente peso específico no tienen que elegir: pueden construir una posición de valor para todos los bloques simultáneamente, y esa posición es en sí misma una forma de poder. Para América Latina y para Argentina en particular, la pregunta que el caso indio plantea es si la región tiene las condiciones —tamaño, recursos, coherencia institucional, paciencia estratégica— para una doctrina de multialineamiento propia, o si está condenada a optar entre alineamientos que otros diseñan.
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