
miércoles, 29 de julio de 2015
Para China en el Índico, una de cal y una de arena
La disputa entre China e India no se da solo en sus fronteras terrestres. Qué está en juego en el Océano Índico y cómo se libra esa pulseada silenciosa.
Entrevistado en Estado Internacional
El 29 de julio de 2015, fui entrevistado en Estado Internacional para analizar una dimensión de la rivalidad sino-india que raramente recibía la atención que merecía: la competencia estratégica en el Océano Índico. Mientras los titulares se concentraban en las disputas fronterizas en el Himalaya o en las tensiones en el Mar del Sur de China, Pekín llevaba años construyendo pacientemente una red de presencia naval, comercial y diplomática en los países ribereños del Índico, desde Pakistán hasta Sri Lanka, pasando por Myanmar, las Maldivas y Djibouti. Como especialista en geopolítica asiática y por un seguimiento de la expansión estratégica de China en el Indo-Pacífico, analicé en esa entrevista qué estaba en juego en ese tablero y por qué Nueva Delhi observaba con creciente inquietud cada movimiento de Pekín en su propio vecindario marítimo.
Un escenario en creciente disputa
El Océano Índico no es un escenario secundario de la geopolítica global: es el eje por el que transita aproximadamente el 80% del comercio mundial de petróleo y una parte sustancial del comercio entre Asia, Europa y África. Quien tenga capacidad de proyección en ese espacio tiene una palanca de enorme peso sobre la economía global. China lo sabe desde hace décadas, y su estrategia en la región —conocida informalmente como el "collar de perlas"— es la expresión más clara de esa comprensión.
El "collar de perlas" describe la red de puertos, bases logísticas e infraestructuras que China ha ido desarrollando o financiando en países ribereños del Índico: el puerto de Gwadar en Pakistán, directamente vinculado al Corredor Económico China-Pakistán (CPEC); el puerto de Hambantota en Sri Lanka, que Colombo terminó cediendo en arriendo a una empresa estatal china por 99 años en 2017 tras no poder hacer frente a sus deudas; instalaciones en Myanmar; y una base naval en Djibouti, la primera instalación militar china en el exterior. Cada uno de esos puntos tiene una lógica comercial en superficie, pero también una dimensión estratégica que Nueva Delhi lee con toda claridad.
India percibe esa expansión como un intento deliberado de Pekín de rodearla, no solo por tierra —donde la disputa fronteriza en Ladakh y Arunachal Pradesh sigue sin resolverse— sino también por mar. La doctrina estratégica india habla de su "vecindad extendida" y reivindica un rol de potencia ordenadora en el Índico, algo que choca directamente con las ambiciones chinas en la región.
Lo que a mediados de la década de 2010 empezaba a tomar forma se ha vuelto desde entonces mucho más explícito: el Indo-Pacífico como concepto geopolítico, el Quad como mecanismo de coordinación entre Estados Unidos, India, Japón y Australia, y una carrera de infraestructuras en la que Washington y sus aliados intentan ofrecer alternativas a la financiación china para los países de la región.
La pulseada en el Océano Índico no es silenciosa porque sea menor: lo es porque sus movimientos más importantes se juegan en contratos portuarios, rutas de cableado submarino y acuerdos de basing que no generan titulares pero reconfiguran el equilibrio de poder.
Si tu medio necesita análisis sobre la rivalidad China-India, la geopolítica del Indo-Pacífico o la expansión estratégica de Pekín, podéis contactarme aquí.
